sábado, 15 de junio de 2013

Interrogatorio personal

La fecha es 28/7/2013, la sala es la B12, el interrogador es Claus Vohen.

—Bueno, señor… 19121, ¿por qué ha causado tanto alboroto en el comedor?

La sala es cuadrada, con una única puerta de metal de tres candados detrás del entrevistador. En el centro, sentados a una mesa, están él y el interrogado.

—Había ratas en el comedor. Gordas y asquerosas. Lleva habiendo ratas desde que vine por primera vez y nadie ha hecho nada por solucionar el problema.

—Ajá, ¿y por eso se subió a la mesa y empezó a gritar?

—Llevo viviendo entre ratas desde los veinte años y no quiero que acaben por convertirme en una de ellas.

—¿Cuántos años tiene, 19121?

—¿Veinte? Nací en 1973, así que tengo que tener unos veinte años, aunque ya no me preocupo mucho por esas cosas… Lo que me preocupa son esos ratones de la cafetería.

—¿Eran ratones? ¿En la cafetería?

—Sí, pequeños ratones. Se podrían exterminar con un par de trampas y veneno pero aquí no hace nada nadie.

—Ya había tenido problemas antes, ¿verdad, 19121?

19121 se revuelve intranquilo en su asiento. Ve que el interrogador toca algo bajo la mesa que no puede ver mientras lo mira fijamente.

—¿Ha tenido usted problemas, 19121? ¿Los ha tenido? ¿19121?

—Bueno, otra vez, en los pasillos.

—Explíquese.

—La gente no dejaba de mirarme. Sin decirme nada.

19121 recuerda cómo una persona se puso enfrente de él mientras sus ojos se derretían y lo miraba con cuencas negras y la boca abierta, acusándole de algo. No dio un solo paso, y se giró, sólo para ver a más gente con los ojos negros, señalándole con el dedo. Esa noche vomitó en su habitación, entre escarabajos y cucarachas que lo infestaban todo.

—Y usted decidió asaltar a una pobre mujer y dejarla tirada en el suelo.

—Eso no era una mujer.

—Ajá.

—¿No me cree?

—Seamos sinceros, 19121, ni usted se cree lo que dice.

Ni usted. Ni usted. Ni usted. Ni usted. Ni nadie me cree nadie me cree lo que digo es imposible.

—Va a hacer una cosa, va a volver al comedor y no va a hablarle de las ratas a nadie, y si ve a alguien señalándole, lo va a ignorar.

—Pero…

—Lo va a ignorar.

19121 se lleva la cuchara con puré a la boca, más tranquilo. Mira al hombre que tiene en frente, al que se le están derritiendo los ojos; pero en seguida vuelve a su plato, lleno de cucarachas, que crujen en su boca e intentan escapar. Una araña le pasa por los ojos y se mete entre los pliegues de su ropa. A través de las ventanas puede ver a gente a contraluz que lo miran con mucha atención.

—Ignórelo, señor Vohen.



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