domingo, 10 de febrero de 2013

El Puente Negro


Existían dos comunidades en la sierra, separadas por un puente negro, construido desde hacía ya mucho tiempo, era un lugar peligroso para cruzar, la vieja madera crujía a cada paso, y se le sentía ya un temblor inquietante, faltaba mucho tiempo para que el nuevo puente fuera terminado así que la gente se veía a obligada a seguir usando aquel vejestorio. Cierto día Julián iba al pueblo vecino a visitar a
su novia, a mitad del puente, una densa neblina bajó de improvisto, impidiéndole la visión mas allá de sus pies, con algo de desconfianza el joven se quedó parado, pues por mucho que haya pasado ya por ese lugar, temía dar un mal paso y caer hasta el rio. No llevaba con él ninguna lámpara, y empezó a sentir cierta desesperación porque las manecillas del reloj avanzaban y la niebla no disminuía.Se decidió entonces por caminar, tomando muy fuerte del barandal, avanzaba lentamente con un pie tras otro, apenas dados un par de pasos, escuchaba el crujir de la madera más fuerte que nunca, y el ruido no se iba cuando él se detenía, pensando que alguien venia también por el puente gritó:- ¿Buenas noches, quien anda ahí?-, pero nadie le respondía. El puente se tambaleaba como si fuese a caer, así que el chico se aferró a uno de los postes más gruesos que encontró cerca. Caían escombros sobre su cabeza, y la madera se quebraba a su alrededor. Abrazado aun de aquel poste, pudo divisar una luz a lo lejos, un calor intenso se acercaba con el avanzar del resplandor, el puente ardió en llamas, entre las cuales pudo ver que salía un caballo que solo una de sus patas superaba el tamaño del muchacho, detrás de él, vinieron tres más, guiados por un ser de túnica negra, que conducía una carreta de la cual salían tremendos gritos de horror, que le hicieron sangrar los oídos. Cuando la carreta cruzó, la niebla le seguía, el puente estaba intacto, Julián seguía abrazado del poste, decenas de personas venían corriendo desde los dos pueblos, se había armado un gran alboroto, por el derrumbe de una mina. Entre tantas personas, algunas intentaron llevarse al chico de ahí, pero no pudieron despegarlo de aquella enorme viga, se sujetaba con mucha fuerza. Pues aunque nadie lo notaba, el veía la carreta ir y venir toda la noche, transportando las almas de los que habían fallecido.

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