domingo, 24 de febrero de 2013

No se lo Digas a Nadie


Recuerdo que éramos muy pobres, vivíamos en una pequeña casa de madera de 1 sola planta, compartía habitación con mi hermana cuando todo empezó….
Una simple noche de invierno, muy fría, mas de lo común, mis padres trabajaban hasta muy tarde y en raras ocasiones podía verlos por las noches…
Ese día ellos llegaron temprano.
Con un agudo sonido abrieron la puerta de entrada en la casa, yo escuche el sonido, me levante de la cama, salí hacia la sala y los vi y como típicamente les dí las buenas noches y regresé a la cama.
Caía una llovizna tenue, que hacia resonar en mi cabeza, el golpe de las gotas chocando contra una vieja lámina del patio trasero de la casa.
No podía conciliar el sueño, el frío era insoportable, sin contar con el constante movimiento de la cama de mi hermana, me senté de nuevo en mi cama y observé la hora en mi móvil, eran las 10:30 P.M.

-Estás despierto?- preguntó mi hermana Andrea.
-Sí, aun no puedo dormirme- respondí.
-Bueno, ve a la cocina a tomar algo de leche y trata de conciliar el sueño, recuerda que mañana hay escuela- respondió mi hermana casi dormida.
-Claro- dije, mientras me levantaba de la cama y me dirigía hacia la cocina.
Abrí la puerta de mi habitación lentamente para no hacer ruido.
Ya el pasillo, no se veía casi nada, solo las sombras de los objetos en el pequeño pasillo que dirigía hacia la sala, la cocina y la habitación de mis padres. Todo estaba iluminado por una tenue luz de la luna que penetraba por la ventana del pasillo.
El pasillo era angosto, con una ventana a un lado, y unos cuadros de fotos de mis abuelos y unos diplomas de mi hermana. Ella era la típica chica linda y lista.
Me dirigí hacia la cocina, abrí el refrigerador y saque una botella de leche, vertí un poco en un vaso y guarde de nuevo la botella en el refrigerador.
Bebía la leche cuando escuche un suave golpe en la ventana de la cocina. Me dí la vuelta asustado y me dirigí a la ventana y no vi nada fuera le lo común…
El pueblo en el cual vivía las casas estaban muy juntas por lo cual casi siempre se escuchaban las peleas de las familias vecinas. Pero esa noche extrañamente, todo estaba muy silencioso y oscuro.
Un viejo roble estaba fuera del patio delantero de la casa, en el cual siempre llegaban a dormir los cuervos, me quedé observando unos minutos hacia la penumbra, cuando de la nada, observé por la calle una pequeña silueta de una persona, si la vista ni me engañaba parecía un niño, por su pequeña estatura, en el momento en el que pasó frente a la casa, se detuvo un instante, en el cual todos los cuervos hulleron volando asustados. La pequeña sombra siguió caminando por la calle hasta perderse de vista.
Regresé a la cama un poco inquieto por lo que había visto, en un abrir y cerrar de ojos me quedé dormido.

A la mañana siguiente me despertó muy temprano Andrea.
-Bryant, levantate, se te hará tarde para ir a la escuela-. Dijo ella quitándome las sábanas.
-Está bien, en este instante me levanto- Respondí aun un poco dormido.
-Date prisa y ve a ducharte- Dijo ella.
-Claro- Respondí levantandome de la cama.
30 minutos después íbamos camino a la escuela, cuando ella encontró a sus amigas, se despidió de mi y corrió para irse con ellas.
Al llegar a la escuela, como siempre todos me ignoraban, por ser el chico raro de la clase, por pasar la mayor parte de mi tiempo libre solo en casa, entré a la clase, la cual aun no empezaba, tomé asiento y entró la maestra de Lenguaje.
El tema que íbamos a ver ese día iba a ser “mitos” pues estábamos estudiando las tradiciones, entonces ella nos contó unas aburridas historias, pero hubo una en especial que captó mi atención, la cual se llamaba, “No veas a la oscuridad”.
Trataba de una niña, la cual fue violada por su padre a sus 6 años de edad, el cual la asesino despues de violarla, clavandole un cuchillo en su pequeño pecho. Muchas personas dicen que esa historia es real, que en realidad eso había ocurrido, yo en lo personal no creí en absoluto la historia, al terminar el aburrido y tedioso día de clases, me dirigí a casa, mi hermana aun no llegaba, estaba solo, me dirigí hacia la sala a hacer mi tarea, era matemáticas la cual se me facilitaba mucho.
Cuando golpearon la puerta, me dirigí a abrir, y para mi sorpresa, era una pequeña niña, muy linda con un vestido hasta las rodillas, color negro, y un par de coletas.
-Si? Estas perdida?- Dije admirado de verla sola.
-Sí, necesito saber como llegar a la iglesia del pueblo, podrías decirme donde es?- preguntó ella.
-Claro, pero, es muy peligroso que vallas sola, te parece si te acompaño hasta allí?- pregunte.
-Muchas gracias, por cierto mi nombre es Julieth, y el tuyo?- pregunto ella.
-Oh que lindo nombre, el mio es Bryant- respondí.
Caminé en silencio todo el trayecto a la iglesia, al lado de ella, cuando ya casi llegábamos a la iglesia, un compañero de mi salón de clases cruzo por la esquina de la iglesia, me observó con unos ojos penetrantes, al llegar a la entrada de la iglesia, ella dijo:
-Gracias por traerme-
-Si claro, de nada- Respondí.
Me di media vuelta y me marché a casa.
Al llegar a casa, mi hermana ya estaba ahí haciendo su tarea.
-Donde estabas?- Preguntó ella.
-Oh, es que es extraño, vino una pequeña niña a casa, buscando la iglesia, la lleve ahí- respondí.
-Está bien- Dijo ella, y siguió haciendo su tarea.
Ya llegada la noche, me dirigía a la cama cuando escuche a alguien correr por la calle, pues la ventana de mi habitación aun estaba abierta.
Me asome a la ventana a observar pero no habia nadie, la cerré y di media vuelta, cuando me gire un segundo después a ver la ventana de nuevo y solté un grito, al ver una silueta parada frente a la ventana. En ese instante caí de la cama y desperté a mi hermana.
-Que ocurre?- dijo ella asustada.
-En la ventana, había alguien, lo juro!-Decía yo asustado.
-Donde?- Dijo mi hermana abriendo la ventana.
-Que?, ya, ya no esta?- Pregunté aterrorizado.
-Vamos, duermete quizá solo fue una alucinación- replicó ella.
-Está bien- dije aun muy asustado.
Esa noche no pude conciliar el sueño por lo cual fue un largo día en la escuela, al terminar las clases, vi de nuevo a ese chico que me vio caminando con esa pequeña niña. Me acerque un poco hacia él.
-Hola- dije un poco tímido.
-Que quieres?- Respondió fríamente.
–Preguntarte si conocías a la niña que iba ayer con migo- dije, al recordar a esa pequeña niña.
-Niña?, que niña?…tu ibas solo!- dijo él.
En el momento en que pronunció esas palabras, por mi cuerpo corrió un escalofrío, que me congeló hasta los huesos.
-Estas seguro?, no la viste?… Iba justo a mi lado!- le repliqué nervioso.
-Que no! A tu lado no había nadie! Que estas loco?, te llevare a un psicólogo-. Dijo él fastidiandome.
-Bueno gracias- di media vuelta y me fui a casa.
En todo el trayecto hacia la casa sentí que me seguían, lo cual me ponía aun más nervioso, al llegar a casa corrí hacia mi habitación y allí la vi a ella. Esa niña que si no estaba mal mi cabeza, estaba… Muerta.
No pude evitar ponerme pálido del miedo.
Ella sonrió curvando solo una de sus mejillas, lo cual la hizo ver como una psicópata.
Por un instante, traté de correr pero no pude, mi cuerpo estaba congelado, no respondía mis ordenes de correr.
En ese momento sonó la puerta de la entrada y giré la cabeza para tratar de salir, y cuando vi de nuevo hacia mi cama, ella, había desaparecido. El miedo fue disminuyendo y logre moverme, salí hacia la sala a abrir la puerta.
-Porqué no abrías la puerta?- pregunto mi hermana.
-Es que, estaba ocupado- dije muy inquieto.
-Qué estabas haciendo?- preguntó.
-Nada, no hacía nada- le repliqué y empecé a caminar hacia mi habitación.
Ella corrió y cuando entro, se escucho un grito.
Corrí hacia la habitación y cuando entre tuve la misma reacción que mi hermana. Mi cama estaba casi toda completamente llena de sangre, en ella había una nota, la tome y caí de espaldas congelado del miedo al leerla.
“No se lo digas a nadie” decía la pequeña nota, mi hermana aun en shock por ver tanta sangre se levanto y me preguntó qué decía la nota.
-Nada, no dice nada, solo es un trozo de papel vacío- Le dije ocultandolo en mi bolsillo.
Ella me lanzó contra la pared y me quitó la nota, la leyó y un segundo después me pregunto:
-Qué quiere decir esto?- dijo muy nerviosa.
-Nada- repliqué un poco asustado por la expresión de su rostro.
-Cómo que nada?, Qué…mierda es esta?- dijo casi gritandome.
Nunca la había visto así, había perdido el juicio? Estaba completamente loca.
Al cabo de un rato, tuve que contarle lo ocurrido, pero con el constante miedo de que le ocurriera algo.
Ya la noche había llegado, y eso me ponía aun más inseguro, pues aun estaba asustado, mi hermana parecía más tranquila y segura. En ese sentido, yo aun parecía un niño de 10 años, aunque ya tuviera 17.
Las sábanas ensangrentadas de mi cama, las llevamos a la basura y pusimos nuevas.
-Quieres comer algo?- me preguntó ella.
-No gracias, no tengo apetito- respondí sin ánimos.
Al Cabo de una hora después me dirigí hacia mi cama, pues es sueño era muy pesado. Me senté en la cama y me puse a pensar, en un momento comencé a quedarme dormido, pero en ese momento un fuerte golpe en mi pecho me despertó. Era esa niña, el miedo me invadió dejándome completamente inmóvil.
-Te dije que no se lo dijeras a nadie- dijo con una voz dulce.
-Lo siento, yo, no pude ocultarselo- le dije con una voz casi audible.
-Ahora la que pagará las consecuencias sera ella- dijo.
Un momento después, sus coletas desaparecieron, su cabello se torno negro, negro como el carbón, sus ojos, desaparecieron y solo se veían unos agujeros, su piel, se volvió blanca, casi gris, sus labios, agrietados y volvió a tornar esa sonrisa que tanto horror me producía.
Comenzó a caminar hacia la sala, donde se encontraba mi hermana, la puerta la atravesó dejando en ella una mancha como de sangre al atravesarla, traté de correr hacia donde mi hermana, pero, no pude, mi cuerpo no respondía, no podía moverme.
Escuché a mi hermana gritar a lo lejos, no pude evitar derramar lágrimas, pues estaba seguro que esa niña la asesinaría.
Hice un último intento en el cual pude moverme, corrí hacia la sala, pero, era tarde, la niña había desaparecido y mi hermana estaba en el suelo, en un charco de sangre, sus ojos faltaban, tenía clavado un cuchillo en su pecho.
Me quedé con ella, llorando como un bebé, le saqué el cuchillo de su pecho, lo único que quedaba, era el suicidio. Pero, lo único que recuerdo, fue un agudo dolor en mi cabeza el cual me desplomó hacia el suelo, con mis manos llenas de sangre junto a con la de mi hermana, vi a mi padre, sosteniendo un sartén con el cual me golpeó.

Desperté 3 días después en un hospital psiquiátrico, por suerte no tenia camisa de fuerza, todo el lugar estaba lleno de dementes, sub normales, el lugar era completamente blanco, me senté en una silla aún confundido, en una pequeña mesa habían unas viejas revistas, periódicos, que a juzgar por sus amarillas hojas, tenían muchos años, tomé un periódico y comencé a leerlo, tenia alrededor de 50 años.
Un grito lleno el lugar producido por mí al leer una noticia que decía:
“Asesinato y violación de niña, el día de ayer, una pequeña niña de tan solo 6 años de edad, fue violada, y posteriormente asesinada por su propio padre, los testigos afirman que el nombre de la niña era Julieth”
El pensar en esa niña, me ponía eufórico, comencé a gritar enloquecido, en un instante un doctor me clavo una aguja en el cuello que contenía algo que me durmió. Desperté en una habitación completamente blanca, si ningún objeto en ella. Me sentía aun mareado.
Pero en cuestión de segundos todo cambió, esa niña, la causante de que yo estuviera en el psiquiátrico, la causante de la muerte de mi hermana. Corrí hacia la puerta pero estaba cerrada, la golpee pidiendo ayuda, pero nadie llegó.
Sentí un fuerte tirón en mi pierna que me lanzó al otro extremo de la habitación, un fuerte golpe en mi cabeza que me hizo sangrar, la sangre dañaba mi visión, pude ver con dificultad, mi pierna rota, el hueso me habia roto la piel y podía verlo.
El dolor era insoportable, la niña estaba parada a mi lado, con su sonrisa, pude verle a los ojos. Los cuales resultaban familiares.
Hasta que caí en la cuenta, que eran los ojos de mi hermana, por eso me resultaban familiares, se inclinó hacia mí, metió uno de sus dedos en mi ojo, hasta que me lo hizo explotar por la presión.
Lo mismo hizo con el otro, no podía ver nada, solo sentí que algo penetraba mi pecho, algo que me perforó, posiblemente era un cuchillo.
Todo lo que pude sentir, fue el dolor al sentir que mi pecho era abierto.

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